- Algunos miden la música. Deciden sus gustos según el nivel tecnico del artista. Dicen que quienes se disfrazan, usan luces, dibujan en la portada de los discos, usan computadoras y efectos de sonido, son artificiales. Yo prefiero escuchar la múscia… ni siquiera escucharla, más bien sentirla. Ahí, en la sensación, en la piel de gallina, está el sabor que el músico nos ofrece. El músico es un artista antes que un técnico. Y el arte no pasa por la habilidad de quien lo realiza sino por la sangre que derrama sobre la obra. Arte y artificio son palabras similares. Todo lo que el artista pueda poner al servicio de su expresión debería ser bienvenido. Debería valer menos la habilidad que nos deja fríos, que la conmoción.
- Me gusta la música y me gusta la poesía. Sin embargo, ambas me tocan las pasiones en el lugar en que se encuentran. La poesía sin música agoniza. La música sin poesía está casi vacía. Ninguna poesía y ninguna música puede emocionarme como me emociona la canción. Los sentimientos se despiertan cuando lo que se dice coincide con el ambiente que le proporciona la música sobre la que se apoya. La mejor manera de comprobarlo es escuchando tango.
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