- Todos los hombres somos parasitados por un hibrido (un otro yo o un yo otro). Lo llevamos enquistado y nos es imposible escaparle. Ese hibrido decide sobre nuestros gustos y las emociones concomitantes. No me refiero a los gustos admitidos que forman la mascara con la que preferimos mostrarnos ante los demás y ante nosotros mismos. Me refiero a los auténticos gustos, esos que padecemos aunque no nos guste que nos gusten.

- ¿No es evidente que en cada uno de nosotros descansa esa monstruosidad parasita, a tal punto que se puede hablar de los gustos de una persona como si ellos dependieran de dos personas diferentes?

- La voluntad es un ser desesperado que siempre está por perder el control que se empecina en mantener sobre esa cosa viva, salvaje e indiferente a toda autoridad.