- Llenar una bañera de baba. Durante unos cuantos años, todos los días entrar al baño y agregar un escupitajo nuevo. Desnudarse. Afeitarse absolutamente todo el cuerpo (inclusive la cabeza y los genitales). Primero hundirse hasta las rodillas. Sentir la consistencia del liquido apenas gelatinoso en contacto con la piel pelada. Después contener el aire y sin dudarlo recostarse en el fondo del liquido. Completamente cubierto por esa secreción espesa. Con el cuerpo relajado, aguantar todo lo que le permitan los pulmones. Repetir la operación todas las veces que se crea necesario. Talvez hasta que la piel se arrugue. Salir de la bañera... mirarse durante escasos segundos al espejo. ¡No secarse! ¡De ninguna manera! El cuerpo debe mantenerse patinozo. Salir del baño. ¡No vestirse! ¡De ninguna manera! Salir de la habitación. Salir del departamento. Salir del edificio. Preferentemente un día soleado. Pero no caluroso. Preferentemente elegir un día con brisa. Preferentemente un día laboral en horario de oficina. Caminar entre la gente. Ver sus caras sin mirarlas. Reparar apenas en aquellas reacciones relativas al asco tales como la contracción de los musculos faciales y el cruzar a la vereda de enfrente. Sentir vergüenza pero no excesiva. La justa y necesaria para no paralizarse pero conseguir la sensación adrenalinezca. Contar las cuadras. Contar cuantas cuadras se consigue caminar sin que algún inconveniente surgido de la extraña reacción que se produce en los transeúntes lo detenga. Recordar ese numero sin importancia. Ese numero puede servir en otra ocasión en caso de que dicho inconveniente arruine los planes. Puede servir para adquirir sobre la base de la experiencia, el timeing apropiado. En caso de que no surga dicho inconveniente seguir caminando. Siempre ver sin mirar demasiado la expresión de la gente.

- Y si se tiene suerte. Si se encuentra a la persona que omita esa reacción tan natural y tan desagradable. Si alguien muy particular se diferencia de los montones de gente asqueada por el cuerpo baboso. Si se descubre que es deseo y nada de asco lo que mueve a esa mirada tan particular. No dudar ni un momento de la implacable atracción generada por la extraordinaria desubicación. Abrir los brazos de lado a lado y acercarse manteniendo el paso que se llevaba hasta ese momento. Dirigirse directamente hacia el cuerpo que alberga esa mirada. No hay duda de que él lo estará esperando quieto y fascinado. Y una vez frente a él apretarlo entre los brazos. Abrazarlo obstinadamente. Mojarlo con la humedad espesa. Besarlo en la boca.

- Ese día. El día del abrazo. El día en que ningún inconveniente se interponga entre usted y ese otro tan único. Ese día habrá encontrado al amor de su vida.

- ¿Quiere saber si este método funciona? Y... es muy improbable... duelen los múltiples fracasos... pero le aseguro (por propia experiencia) que es posible.