- Antes de subastarlo, los vendedores inquieren a Diógenes acerca de su profesión; éste afirma: “No tengo ningún otro oficio que el de gobernar a los hombres. Pido que me vendan a alguien que necesite un amo”.

- Diógenes está comiendo un plato de lentejas. En ese momento llega Aristipo, un filosofo que trabaja para el rey, y le dice: “Mira, si tu trabajaras para el rey no tendrías que comer lentejas”. Diógenes le contesta: “Mira, si tu comieras lentejas no tendrías que trabajar para el rey”.

- Alejandro Magno: “Pídeme cualquier deseo” / Diógenes: “Muévete que me estás tapando el sol.”

- Le preguntan a Diógenes por qué la gente da limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que responde: “Porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos”.

- Viendo cómo los sacerdotes custodios del templo conducen a uno que había robado una vasija perteneciente al tesoro del templo, Diógenes comenta: «Los ladrones grandes llevan preso al pequeño”.

- Alguien muy supersticioso lo amenaza: “De un solo puñetazo te romperé la cara”; Diógenes replica: “Y yo, de un solo estornudo a tu izquierda te haré temblar”.

- El sacerdote le asegura que a los admitidos en los ritos les esperan innumerables bienes en el Hades; Diógenes le replica: “¿Por qué, entonces, no te suicidas?”.

- Frente al escándalo que provoca Diógenes al masturbarse públicamente en el ágora, comenta desdeñosamente: “Desearía poder saciar el hambre simplemente frotándome el vientre”.

- En la academia, Platón define al hombre como un bípedo implume y obtiene efusivos aplausos. Diógenes entonces, lleva al mismo lugar un gallo desplumado, y dice: “Aquí está el hombre de Platón”.

- Durante uno de sus paseos, Diógenes ve a unas mujeres ahorcadas que han sido colgadas de un olivo, y exclama: “¡Ojala todos los árboles dieran un fruto semejante!”

- Diógenes se suicida conteniendo el aliento, o fallece a causa de mordeduras de perro, o muere a causa de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda.