Prologo: Ambos participantes visten el mismo modelo y color de traje. Preferiblemente de corte poco llamativo y color neutro. El juego comienza una vez que los participantes están sentados en las dos sillas enfrentadas en el centro de la habitación.

Introducción: Quietos. Los brazos de cada uno colgando a los lados. Ambos centran su atención afuera de sus propios cuerpos. Se despojan de las armaduras psíquicas todo lo que les es posible. Se relajan demasiado. Ahora no tienen voluntad. Ahora son vulnerables. Pero no se sienten vulnerables. Se los podría comparar con cadáveres. No les importaría ser cremados, enterrados, comidos por gusanos. Pero no son cadáveres. Los ojos están hinchados de vida. Miran el cuerpo del participante que tienen enfrente. Cada uno de ellos ha acumulado toda el alma en sus ojos que miran a otro. Y la gelatina se escapa por los cuatro agujeros negros de sus pupilas para pegarse a la superficie de otro cuerpo. No hay magia en este procedimiento. Toda su mecánica está basada en un ejercicio de la imaginación. Y en cuanto alguno de los dos siente que su imaginación está preparada para jugar, habla.

Pasaje de Introducción a Desarrollo: No siempre se llega fácilmente al desarrollo del juego. Pasar de la introducción al desarrollo implica que ambas imaginaciones coincidan en el momento de estar preparadas. El juego no funciona si alguno de los participantes no tiene su imaginación adherida a la superficie del cuerpo del otro participante. Es importante evitar todo tipo de disimetría. Por eso, el participante que escucha no debe reaccionar a lo que ha dicho el personaje que habla en caso de no haber hablado exactamente al mismo tiempo que éste. Toda oportunidad en que un participante hable y el otro simplemente escuche será desatendida. Ambos participantes permanecerán en la fase introductoria del juego hasta el momento en que coincidan sus voces.

Desarrollo: Ambos participantes imparten directivas libremente. Ninguno de los dos realiza ningún movimiento por propia voluntad. Solamente obedecen al pié de la letra las directivas impartidas por el otro participante. Cada uno tiene control sobre un cuerpo ajeno y pierde el control sobre el propio. Los participantes son amo y esclavo a la vez. No hay amos, ni esclavos. La situación es casi absolutamente simétrica. La escena se desarrolla como si cada uno fuese una marioneta deseante comandada por otra marioneta deseante.

Desenlace: X