Ejercicio 7: Prologo a la realización del experimento 1
Hablábamos con S. acerca de la posibilidad de llevar a cabo juntos el experimento 1. Me dijo que cuando tuvo las instrucciones frente a ella no pudo hacer más que leerlas repetidas veces. Tuvo que leerlas tantas veces porque esperaba que el texto la tentara y, para su sorpresa, se encontró con que había algo en él que le causaba cierta repulsión. No le quedaba claro si, cuando participásemos del experimento, íbamos a ser muñecos sin vida propia o nuestros deseos en estado puro. Mientras me hablaba pensé en el texto y me pareció que las observaciones de S. eran acertadas. Efectivamente, el experimento tiene algo inquietante, tiene algo que se parece a dejarse morir. No es del todo agradable dejar libre el lugar de nuestro ego, para que el deseo de otro venga a ocuparlo.
Mientras S. me hablaba solo pensé en esa pequeña muerte y no supe como contestarle. Por un momento me pareció que el experimento no podía ser más que un fracaso.
Ahora, vuelvo a pensar en las palabras de S. y en la repulsión y en la tentación y en esa pequeña muerte. El desfallecimiento es necesario para dar paso al renacimiento del propio deseo en el lugar del ego de otro. Por eso es tan importante el pasaje de la introducción al desarrollo. En caso de no realizarse con cuidado, el alma de uno de los participantes podría quedar desterrada de todo cuerpo y disuelta en el aire. Si el pasaje se realiza correctamente el resultado debería ser: muerte y resurrección.
Querría volver a hablar con S., ya no de la repulsión que causa la muerte sino de la tentación que causa la resurrección. No se trata de una resurrección cualquiera. Uno resucita absolutamente entregado al deseo. Me gustaría que S. entendiese la pasión contenida en el pasaje. Solo si lo entendiese la consideraría preparada para participar del experimento conmigo. Si S. no lo entiende, el experimento va a permanecer irrealizado. No estoy dispuesto llevarlo a cabo con nadie más.
