Me avergüenzo de mi ignorancia. No hay vez que no salte a la luz que soy un ignorante. Yo, que debería hacer gala de cierta erudición de intelectual, que paso tanto tiempo entre libros, que coqueteo con la literatura y con las ciencias humanas. Yo tendría que ser el depositario de cierto saber. Y sin embargo, es tan fácil encontrar que no sé, que padezco un desinterés monstruoso por la cultura general.

Decir algo en mi defensa. Decir algo de mi relación con los libros. Digamos que tengo un método. Un método muy espontáneo y lleno de defectos: Que valor puede tener para mi la cultura general? Que valor puede tener para mi saber de todo un poco sin saber para qué o por qué lo se? Que valor puede tener el saber? El valor, para mí, no esta en el saber sino en el pensar. Ahí apunta mi deseo, ese que me lleva a buscar en los libros, pero también a hablar, a escribir, a actuar. El contenido de un libro no tiene porque quedar almacenado en mi memoria disponible. El contenido de un libro actúa sobre mi pensamiento, actúa sobre mí. No tengo que hacer ningún esfuerzo que no sea el de hacerle un lugar a la explosión de ideas. Confío en la fuerza de la palabra, en su capacidad de hacerse acto. Confío en que la palabra no necesita del esfuerzo de voluntad para hacerse acto. La acción esta determinada por el pensamiento. El pensamiento se transforma, se construye, busca. El pensamiento esta vivo. Ser el custodio de un saber muerto no ofrece ningún tipo de garantía. Aplicar un saber muerto es un infructuoso forzamiento. Leer un libro puede ser equivalente a saber un libro o a pensar un libro. Pensar un libro compromete, pone en juego el propio modo de enfrentarse a la existencia, apunta a hacer la propia historia en lugar de apuntar a conocer la historia de mis padres. El saber es el pasado y el pensamiento es el futuro.

Así y todo, este método de mierda no me permite orientarme. Voy como un ciego a los topetazos. No tengo mapa ni línea cronológica. Dependo del saber de otros para poder tener una minima idea de donde estoy parado. Mi pensamiento hace su camino, un camino de explorador sin brújula adentro de la selva. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar.” (Y nos fuimos a la mierda con Machado).

Las palabras y los actos quedan impresos en los libros. El pasado es un libro. Los actos del pasado no existen. Los actos solo son posibles entre el presente y el pensamiento, los actos solo son posibles en el futuro. Los actos y las palabras tienen consecuencias.

Los libros son una raza de recordadores, los seres hablantes somos una raza de creadores. Dependemos mutuamente los unos de los otros.