- “Que se puede hacer aparte de mirar películas?” me preguntaba Charly Garcia hace algunos años.
- El sabado a la madrugada vi “strange days”, el film del ’95, dirigido por Bigelow y escrito por Cameron.
- Vísperas del año 2000. Lenny Nero es un dealer algo particular, un producto de su tiempo. La droga que despacha no es una sustancia que entra en el cuerpo sino una pieza de tecnología. El aparato que comercializa Lenny se rige por el mismo principio que la videocámara. Pero no es una videocámara sino una neurocámara.
- La neurocamara no registra la imagen sino los estímulos exactos que produce un cerebro en el momento en que vive una experiencia.
- Es un dispositivo simple del que no nos interesa el mecanismo. Solamente sabemos que esta formado por dos partes. Un casco hecho de seudópodos que se aplica sobre la caja del cráneo y un cubo negro en el que se inserta un cd virgen. Las dos partes conectadas por un cable.
- La neurocàmara permite al consumidor vivir experiencias ajenas. Ya no verlas en la televisión, sino entrar verdaderamente en ellas. Un suenio tan fuerte que desemboca en una alucinación perfecta. Lenny vende la evasión de la realidad y los clientes la compran (un futuro un poco mas siniestro que el propuesto por Matrix, un futuro inquietantemente parecido al que se respira este 2009).
- Revivir pedazos de una relación amorosa pasada, vivir pedazos de una relacion amorosa ajena, vivir en el cuerpo de una chica de dieciocho años por una hora, vivir la adrenalina de un asalto a mano armada sin correr riesgos, vivir adentro de películas pornograficas, cogerse a otra sin meterle los cuernos a tu novia, orgias, sesiones de sadomasoquismo, todo esto y mucho mas! La realidad sin sufrir sus consecuencias.
- No importa la trama principal del film. Un policial romántico situado en un futuro caótico.
- Que se puede hacer aparte de mirar películas? No podemos usar la neurocamara porque no existe.
- Estamos en la época de la neurocamara. Desde el cine hasta second life. Estamos en una época en la cual la realidad puede llegar a ser tan aburrida. Nuestras vidas están hechas de películas, de pantallas sobre las cuales proyectar nuestra fantasía, de pantallas interactivas, de objetos que cuando los consumimos nos consumen, de drogas, de servicios brindados por gente que trabaja como putas, de un mercado ubicuo que nos obliga a pagar para divertirnos.
- La realidad? Cual es la realidad? La realidad es el mercado me diría J. Es la misma respuesta que da Lenny. Toda esta fantochería en pantallas no es importante. Hay que mirar la matriz, la trama sobre la que se sostienen todas estas fantasías. Esa trama es el mercado. No me parece un razonamiento errado. Tanto J como Lenny se aprovechan de la situación para ganar un poco de dinero.
- Que voy a hacer yo? Me gustan las pantallas, me gustan las fantasías, me gusta ser un consumidor, pero también me gusta tener una historia. Esta no es época para tener una historia. Las historias son tantas que no es necesario tener una propia.
- “Que comodidad!” talvez me diría J (pero estas son solo palabras que malignamente pongo en su boca), “Que comodidad! Tengo el dinero para pagar una historia ajena mientras dejo que mi vida sea tan aburrida como el mercado. Estoy a salvo de mi propia historia.”
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